La cultura del error

“Si no estás preparado para equivocarte, nunca darás con nada original ni que merezca la pena”.

                                                                          Ken_Robinson                                       (Foto extraída de internet)           Ken Robinson.
Pero, ¿qué es el error? Normalmente solemos considera el error como una equivocación, un desacierto, aquello que no nos lleva a conseguir lo que deseamos e inmediatamente lo consideramos un fracaso, y como uno de nuestros mayores miedos es el miedo a fracasar, intentamos evitarlo, y la mejor manera de no fracasar es no cometer errores y para eso es necesario NO actuar.
Si Thomas Edison, el inventor de la bombilla, hubiera tenido esta concepción del error, hoy estaríamos leyendo este artículo con una vela. En cambio se decía:
Megafounder-No-he-fracasado.-Solo-he-encontrado-10000-formas-que-no-funcionan
                                             (foto extraída de internet)

Edison se planteaba cada intento como un pequeño paso hacia delante.

Creo que desde la escuela deberíamos cambiar la perspectiva, la propuesta es considerar el error como parte del aprendizaje, un proceso en el que la práctica y el error se suceden de forma natural y lógica.

Es muy frecuente que penalicemos las equivocaciones de los niños en la escuela, vemos los fallos como algo que hay que tachar, señalar en rojo…

Si consideramos el error como parte del proceso de aprendizaje, los niños deben poder equivocarse las veces que sean necesarias para entender y aprender lo que están trabajando. Ese es el verdadero aprendizaje significativo.

De este modo, permitiremos que los alumnos no tengan miedo ni a equivocarse ni a intervenir y participar en el aula. Podemos premiar las intervenciones que los alumnos aportan, en lugar de evaluar únicamente si su aportación es correcta o incorrecta.

Les hemos de transmitir que de los errores se aprende y tenemos que premiar sus ganas de participar y de intentarlo para potenciar su seguridad, que es lo que han venido a hacer en el colegio. Premiando las intervenciones, conseguiremos que nuestras clases sean más participativas. La penalización del error tiene un efecto contraproducente, pues enseña a detectar el error, sí, pero en detrimento de la autoconfianza, la autoestima y el impulso de experimentar.

En lugar de castigar el error, premiaremos el acierto. Hay una gran diferencia entre:

Castigar el error: Tienes cuatro errores, Sólo has acertado dos de las cinco preguntas del examen.

Premiar los aciertos: Has conseguido tres aciertos. Si te esfuerzas un poco más seguro que conseguirás aumentar el número de respuestas acertadas.

Premiar los aciertos promueve que los alumnos quieran aumentarlos, por lo que es una manera de motivarlos a seguir avanzando. Castigar el error produce frustración y desmotivación.

La escuela del siglo XXI debería contemplar que el error es una oportunidad para aprender, que no debe ser penalizado. Los profesores no queremos frustrar al alumno señalando sus errores, queremos motivarle para  que mejore, para que llegue al acierto.

En el aula, cuando un alumno no sabe la respuesta a una pregunta, podemos dejar que el alumno pida ayuda a un compañero  y permitimos que compartan el error. Posteriormente premiamos a ambos por haber llegado juntos a esa respuesta correcta.

No permitamos dañar la autoestima de nuestros alumnos por el simple hecho de equivocarse. Todos, lo hacemos cada día. Equivocarse, es parte de la vida y por supuesto es parte del proceso de aprendizaje. Nadie nace sabiendo.

El miedo al error es la principal barrera para progresar y desarrollarse

 

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